No se bien la razón, pero después de sus problemas de salud de este año y su prematura jubilación había forjado en mi cabeza la imagen de un Antoliano Dávila irreversiblemente envejecido, senil y caduco. La sorpresa, agradabilísima, ha sido encontrarme en Férez a un chaval: un Antoliano pletórico, adelgazado, vital, lúcido y divertido como siempre. Mª Ángeles dice que hasta guapo, lo que ya me parece, francamente, una exageración…
El antagonista del gran Antoliano ha sido este fin de semana otro que tal, el gran Richtofen. Llegó a Férez con su cordero al hombro, una sed africana y muchas ganas de disfrutar de los amigos. Bienhumorado y enochalao hasta la médula, le alabo la agilidad de cintura y su capacidad para fajar, ya que me he pasado todo el fin de semana dándole caña, cosas de las amistades viejas.
Paco Soriano y yo completamos el panel, que se puso a trabajar, vaya, el mismo viernes por la noche, porque había tajo: mucho vino esperando.
En general ha sido un fin de semana de nivelazo, con unos cuantos vinos espectaculares y también alguna pequeña decepción. Empezamos con la Bota de Palo Cortado nº 17, del equipo Navazos, un generoso para beber de rodillas. Antoliano anuncia una nota de cata con un 99-100, nos aseguró que es el mejor vino que ha probado en su vida… Tambie´n han desfilado unos cuantos cavas de Colet, riquísimos el A priori, y los Tradicional y Grand Cuvee, pero decepcionante esta última tirada del A posteriori, pesadote y sin perlado ninguno.
Blancos hemos tomado pocos, pero buenos. Un Sauvignón Blanc de Nieva y un vino de la Tierra de Betanzos, el Viña Ártabra. Las manzanillas jerezanas han equilibrado algo esta deficiencia, ya que hemos tomado dos magníficas: La Manzanilla pasada de Pastrana y, sobre todo, una riquísima Manzanilla de Barbadillo, saca de otoño.
Pero hacía frío, encendimos la chimenea y nos dedicamos sobretodo a los tintos. Monastreles mediterráneos, como el Estrecho de Mendoza, anchuroso manque diga la etiqueta lo contrario, el Casa Balaguer 06, una lección de equilibrio, un poderosísimo Casa Cisca, de Bodegas Castaño. Elegante como pocos Las Gravas 06, de Casa Castillo; raza pura el emergente Hacienda Pinares, una monastrell albaceteña.
Soriano nos propuso catar unas bobales, Alterón se llama el vino y lo probamos desde la añada de 2002. Sorpresón. Con poca fe, ya que la bobal no tiene fama, precisamente, de aguantar en botella, tomamos unos vinos que estaban absolutamente vivos y atractivos.
No quiero cansaros con una crónica demasiado larga, así que sigo arreando en quinta. Hubo más vinos de ecos surestinos, pero con otras variedades, como el Salia 01, de Finca Sandoval, un ensamblaje de Syrah y garnacha. Un cabernet, el Cucos de la Alberquilla, de Elena Pacheco, pletórico de frutillos rojos, el Patio, del forero y amigo Samuel Cano y los Fianzas.
Otros tintos: el riojano Mirto 05, de Ramón Bilbao. Un Contino selección 2004, delicioso y la divina Touriga Nacional encarnada en el Curriculum Vitae 2004…
No solo ha habido grandes vinos. También ha sido un fin de semana de grandes descubrimientos. Por ejemplo, el sabor del cordero segureño asado por una mano maestra como la de Curro, o los quesos artesanos de cabra y vaca del Cantero de Letur, así como sus yogures y kefires. Pero quizás el descubrimiento más importante lo ha hecho Antodávila este fin de semana en Férez. Casi una revelación. El maestro, después de 32 años de matrimonio, ha descubierto el monte bajo…
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Antoliano Dávila, en plena forma
Los cuatro magníficos...
Richtofen I de Hellín...
El trío calavera
de excursión...
más amigos que cochinos
Antoliano haciendo pucheros al acabarse el Palo Cortado...
Paco Soriano preparandole a Antoliano un coctail de hierbas...
El garn Antoliano, descubriendo por fin el monte bajo mediterráneo...