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10/06/2013
(j.sola)
En la huerta de Murcia, además de beberlo al amparo de la húmeda morera, siempre se produjo vino.

Durante la Edad Media incluso existieron grandes extensiones de vides que, en algún caso, superaban los cien mil metros cuadrados, como la emplazada cerca de Monteagudo a comienzos del siglo XIV. A este producto de la uva, cuya excesiva producción a veces obligaba a los venteros a tirarlo en las calles y al Concejo a prohibir la importación, un competidor le plantaría cara con el tiempo y con desigual fortuna en los paladares de los huertanos.

El vino de naranja fue un invento que se atribuyeron distintas generaciones de murcianos. Tradicionalmente se ha considerado una creación de los pobladores de las Antillas francesas. De ello dieron cuenta los diarios europeos y españoles, a modo de curiosidad, durante las primeras décadas del siglo XIX. Pero ya por aquellos años también se conocía en Murcia.

En 1844, Francisco María Alted se dirigió a la Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia para que valorara e impulsara el método empleado en la fabricación del novedoso producto. La respuesta de la Sociedad fue firmada por Ramón Baquero, -padre del célebre Andrés Baquero-, quien concluyó que la receta carecía «de la importancia, así científica como industrial que sería de desear». Además, insistía en que su trascendencia con relación «a la agricultura y el comercio de nuestro País se deja conocer muy luego que es insignificante». Portazo al emprendedor.

Un cuchillo sin óxido
Alted no cejaría en su empeño ni lo arredró el elegante capotazo que le brindaron desde la Sociedad. Prueba de ello es que 11 años más tarde, en 1858, lograba insertar en la portada del diario La Paz de Murcia, un artículo sobre la fabricación de la afamada bebida e incluyó una minuciosa descripción de cómo elaborarla. El autor señalaba el mes de abril como el más indicado para la recolección de los frutos, que deben «partirse por la mitad y al través con cuchillo que no sea de hierro para evitar la oxidación de este mineral».

Tras exprimir a conciencia el zumo, se cocían las cáscaras y la pulpa restante. «Este cocimiento -continuaba el rotativo-, para estar en buen estado de perfección ha de tener color azafranado y el sabor bastante amargoso». Una vez mezclado el caldo y el jugo exprimido había que añadirle agua y azúcar, hasta conseguir una especie de jarabe «que se clarificará con cola de pescado o clara de huevo».

El mosto resultante se dejaba fermentar 7 semanas en vasijas de madera. En este intervalo de tiempo, cuando dejara de crecer, se sellaban los recipientes. Transcurridos 60 días desde el inicio del proceso era necesario añadirle esencia de azahar, bien en un puñado o macerado antes en aguardiente.
Un redactor de La Paz comprobaría días más tarde que el producto descrito por Alted merecía ser considerado «en la clase de los vinos más especiales de copa». Además, también tuvo ocasión de probar el vinagre elaborado a partir de la misma materia prima, que resultó «del color del ámbar, y tan transparente como el mismo cristal».

Curar los barriles
Los expertos recomendaban curar antes los barriles con un cocimiento de cáscaras de naranja, al menos durante 48 horas, para transmitirle a la madera sus aromas. Una década más tarde, el diario publicó otra receta, en esencia similar a la anterior. Este nuevo artículo señalaba el vino de naranja como una solución para los excedentes que las abundantes cosechas producían cada temporada.
Por aquellos años, entretanto, se extendió un curioso remedio contra la mosca del naranjo que consistía en colocar sobre los árboles recipientes con zumo de naranja, pues se comprobó que el insecto se abalanzaba en su interior y moría.

En las siguientes tres décadas, hasta el año 1910, los diarios murcianos reproducirían, curiosamente, la misma noticia sobre una publicación americana que ensalzaba las virtudes del vino de naranja. Periódicamente, los rotativos volvían a insertar la misma información, palabra por palabra, como si de un hecho novedoso se tratara. Y, a renglón seguido, insistían en recomendar su fabricación en Murcia. «Como esta vega es buena productora del dorado fruto, nos parece muy oportuno que se hicieran ensayos por si se pudiera desarrollar esta nueva riqueza», destacaba Las Provincias de Levante.

La producción en Murcia de esta bebida nunca terminó de cuajar. Existen noticias de que el farmacéutico Merchero, en Cartagena, logró perfeccionar la receta, consiguiendo un espléndido producto que también despachaba como medicina. En la capital de la Región existió una pequeña factoría propiedad del industrial José García Martínez. En 1924, la publicación Estudios Médicos, que dependía de la Real Academia de Medicina, constató la explotación de este sector, «si bien parece haber decaído el entusiasmo que en los primeros momentos provocó».

El vino de naranja, al menos de forma artesanal, adquirió cierta popularidad. En 1932, la Casa Regional Murciana de Madrid acogió una conferencia sobre las aplicaciones industriales de la naranja, entre las que también destacaba el vinagre, «que supera con mucho al de la uva porque contiene 129 por mil de acidez, frente a un 93 por mil del vínico», explicó entonces el conferenciante y agrarista Francisco Muñoz Palao.

La producción de este vino, casi tan escasa como su aceptación, dio al traste con una industria que no llegó a prosperar y a la que, curiosamente, nunca le hubiera faltado materia prima barata y de calidad.

Para saber más:
http://www.laverdad.es/murcia/v/20130609/murcia/malograda-industria-vino-naranja-20130609.html
05/02/2013
(j.sola)
Hay proyectos unidos al mundo del vino que te dejan boquiabierto. Durante varias décadas el viñedo de Château La Coste fue un diamante en bruto, esperando a ser pulido algún día. Una planicie de seiscientos acres cerca de Aix-en-Provence, una comuna francesa a treinta kilómetros de Marsella. Pero un millonario invirtió para reabrirlo, y destinar varios edificios y zonas al arte.

La tierra se utiliza para producir vino desde las épocas de gloria del Imperio Romano; y posteriormente fue usada por los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela en España. Ciertamente había visto mejores días, cuando el colector de arte y potenciador de bienes raíces Paddy McKillen compró la tierra en 2002. Convencido de que fabricar vino era una tarea noble, reorganizó la tierra y resolvió que había potencial en el ámbito artístico para la propiedad de La Coste.

Con eso en mente invitó a varios arquitectos y artistas para que presentaran proyectos para el histórico terreno. Actualmente, cinco ganadores del Premio Pritzker –el más prestigioso en el ramo de la arquitectura- y toda una línea de escultores han dejado su huella ahí. Por ejemplo, un mirador llamado “Aix”, desde el cual se tiene una vista única de la ciudad, es un diseño creado por Richard Serra.

También hay obras como Infinity, una figura cónica de metal que llega a tener un milímetro de grueso de Hiroshi Sugimoto; una pieza móvil de Alexander Calder; y una bodega para vinos concebida por Jean Nouvel, quien transformó el estilo antiguo con su elegancia moderna, dejando un toque de tranquilidad y quietud en todo el lugar. También está la pieza Wall of Light Cubed, de Sean Scully.

Al final hay una capilla antigua que fue desarmada y después meticulosamente reconstruida por Tadao Ando. Ahora quedó como una especie de cubo de vidrio, y está orientada de modo que el Sol entra por una ranura en forma de cruz, la mayor parte del día. Cerca de ahí está la obra Andy Goldsworthy, el Oak Room (Cuarto de Roble) lugar hecho a base de ramas cuidadosamente medidas, que provienen de los árboles de la zona.

Pero detrás de toda esta fusión de arte, arquitectura y paisajismo hay un hombre que no da entrevistas; ni se deja tomar demasiadas fotografías y raramente aparece en público; alguien a quien vemos más en la sección de finanzas que en la sección de cultura y que co-diseñó el centro Pompidou en Francia: Richard Rogers. Él dice que Paddy es su cliente mas callado.

Sin embargo, la persona que más ha influido en el destino de la propiedad es la hermana del comprador, que visitó el lugar desde 1990 y escribió un libro sobre él: Mara McKillen. Ella dice que tanto en el vino como en el arte todo se trata de respetar el proceso creativo. Cuando Mara pasea por el viñedo, siente la misma pasión que su hermano tiene por el arte.

Actualmente el lugar recibe un mínimo de publicidad y recibe doscientos visitantes cada día; pero se planea que este número crezca exponencialmente una vez que la mejora sea completa y el lugar sea publicitado a niveles masivos.
Para saber más:
http://e-consulta.com/2013/index.php?option=com_zoo&view=item&layout=item&item_id=13316
26/11/2012
(j.sola)
Entrevista a Bernard Magrez

Le gustan los negocios, la tierra, la música, el arte, la viña, el vino y la vida. Y también los olivos. Esta última pasión es reciente, sobrevenida como un amor a primera vista en tierras catalanas, mientras andaba en busca de una finca en el Priorato. De allí se llevó Bernard Magrez un viejo árbol milenario para replantar en sus tierras bordelesas. Acaso el primer testigo de la búsqueda de inmortalidad de este propietario de grandes viñedos. “A los 76 años, nunca se tiene suficiente tiempo. Tengo prisa por hacer el bien, devolver parte de lo que la vida me ha dado”, explica Magrez, señor y filósofo, en su finca original de Pape Clément (tiene otras 39), grand cru denominación de Graves, cuyas viñas perfectamente alineadas se resisten a la urbanización de la ciudad de Burdeos.


Tres banderas restallan al viento sobre la entrada. La primera contiene las armas del señor de la casa, “las llaves cruzadas de la excelencia sobre fondo burdeos”. La segunda, “una tiara papal y las llaves de san Pedro”, en homenaje al soberano pontífice Clemente V, fundador del viñedo en el siglo XIV. La tercera, el blasón del Morbihan, una referencia a los orígenes paternos. “Nunca me expresó la menor ternura”, reprocha, pero era mi padre. Decía sin cesar que yo no servía para nada. Y lo ponía por escrito, en una etiqueta que yo llevaba sujeta con un imperdible a la espalda hasta el colegio. Me mandó de aprendiz, con 13 años, a un establecimiento especializado en Luchon. Allí aprendí silvicultura, un poco de botánica y el oficio de serrar madera. Había otro chico malo como yo que se llamaba François Pinault. A él tampoco le ha ido mal. Si mi padre me viera hoy, se quedaría asombrado y orgulloso. O eso espero”.

El “granuja” encontró acogida en el tratante Jean Cordier, entonces carismático propietario de los viñedos Talbot y Gruaud Larose. De chico de los recados, es decir, simple mensajero, pasó a hacerse cargo de una pequeña tienda en declive que vendía oporto. La convirtió en una empresa enorme. Corrían los primeros años sesenta y una revolución comercial nacida en EE UU estaba a punto de llegar a Europa: los hipermercados. El primer Carrefour abrió en 1963. “Fue en Sainte-Geneviève-des-Bois”, recuerda Magrez, que llamó a la puerta de las grandes superficies a medida que se establecían. “Todas las ciudades querían tener una. Había que correr para suministrar a todo el mundo”.

Además de oporto, Magrez propuso ron. Después, ponche, tequila y, por último, un whisky, que denominó William Peel. “Fue la mejor idea de mi vida”, explica. “Partía de un concepto sencillo: Francia es el primer consumidor de whisky escocés del mundo. Yo decidí trabajar la calidad del producto, la forma de la botella, la etiqueta, y pensé un buen precio de venta”. Durante 15 años fue líder del mercado.

"La cultura con la mirada puesta en los demás es el único desafío que queda por afrontar cuando se ha ganado todo”
También compró Sidi Brahim, una etiqueta de vino marroquí, y creó Malesan, una marca de vino de Burdeos (12 millones de botellas al año). “Durante los seis primeros años estuve al borde de la ruina. Trabajaba como un esclavo. Me lo jugué todo. Siempre a doble o nada. Nunca dormía más de cinco horas, y muchas ni dormía. Tenía unos sudores fríos. Me perseguía la misma pesadilla: me veía en el juzgado de lo mercantil depositando el balance. Y después, todo fue tan rápido...”. Así llegó la fortuna, a la carrera. En 2004, lo vendió todo al grupo Castel para dedicarse a los grandes vinos. Eran cantidades menores, pero las fincas que adquirió estaban clasificadas, y las regiones, seleccionadas. “Pape Clément pertenecía a una familia de Versalles”, cuenta, “y mi suegro tenía una participación minoritaria. Primero compré esa parte, y después, el resto al dueño”. Magrez posee hoy 40 viñedos. Y un avión privado para visitarlos. Además de Pape Clément, sus etiquetas estrella son La Tour Carnet, Fombrauge, Les Grands Chênes y Poumey. Además, varios vinos en Côtes-de-bourg, Côtes de Blaye, Languedoc y la Provenza, y otros en España, California, Marruecos, Uruguay, Argentina, Japón, Chile. En total, 850 hectáreas de viñedos. De ellas, 290 de premier cru y grand cru. “No soy un coleccionista de viñedos”, dice, “me limito a perseguir la aventura del vino. Hace 15 años, la gente se mantenía apegada a un solo vino, siempre el mismo. Se variaba muy poco. Hoy va en busca de emociones nuevas. Y yo no hago más que responder a la demanda de los consumidores. Cuarenta viñedos: 40 emociones diferentes”.

Todas llevan su firma, que impone como marchamo de calidad. Cuando desembarca en una empresa nueva, su reputación de ogro devorador hace subir los precios. “Cada reunión que tenemos en el proceso negociador me cuesta 500.000 euros más”, reconoce. Magrez hace todo lo posible para quedarse con el negocio, pero, si no lo consigue, pasa a otro asunto sin ningún resquemor. Y vuelve a situarse al acecho. “Las ideas siempre están rondando. Cuando uno es su propio jefe y posee el 100% del capital de su empresa, toma las decisiones a solas y, muchas veces, va demasiado deprisa para otros. Son más bien los demás los que se atemorizan y ponen el freno”.

Magrez lee todo lo que se escribe sobre el mundo de los negocios y adora las historias de triunfadores: “Siempre hay alguna idea que tomar prestada”. También adora a la prensa y a los banqueros. La prensa porque, a fuerza de hablar de un producto o una persona, asienta su imagen en la mente del público: repetición equivale a reputación. Y a los banqueros, porque siempre han confiado en él. “Cuando comencé, en 1962”, recuerda, “hubo muchos que hicieron la vista gorda si yo no podía cumplir algún plazo”.

La serenidad llegó con la edad. “Los logros vitales se miden por lo que uno da”, repite. Después de haber coleccionado coches antiguos, bronces y pinturas flamencas (flores y naturalezas muertas de los siglos XVI y XVII), se incorporó con pasión al mecenazgo. Compró –por 2,2 millones de euros– un stradivarius que bautizó Fombrauge (uno de sus grands crus de Saint-Émilion) y se lo confió al virtuoso francés Matthieu Arama, solista de la orquesta de Burdeos. “Solo hay un centenar de stradivarius que viajen por el mundo. En su mayoría pertenecen a fundaciones. Los otros, entre 300 y 400, duermen siempre en cajas fuertes y no se tocan jamás. ¡Un derroche!” ¿Por qué amordazar a los ruiseñores? Y de ahí, a un mecenazgo que abarca la protección del medio ambiente, la investigación médica (oncología, cardiología) y las artes. Para ellas fundó el Instituto cultural Bernard Magrez, que se encarga de promover a artistas. “Se deja una huella más permanente con una fundación que con el éxito en los negocios. La cultura con la mirada puesta en los demás es el único desafío que queda por afrontar cuando se ha ganado todo”.


Para saber más:
http://elpais.com/elpais/2012/11/23/gente/1353695384_255279.html
26/09/2012
(j.sola)
Es el de las vides un paisaje cíclico, pero sorprendentemente cambiante a lo largo del año. Como otras especies vegetales, la viña despliega a lo largo de las estaciones un impresionante abanico cromático, con todas las gamas de verdes y ocres, hasta rojizos y morados, que uno se pueda imaginar. Es un paisaje arquitectónico en sí mismo, lineal, bello en su simetría, profundo, tendente al horizonte. Y es éste paisaje el que dos comunidades autónomas que en ocasiones han demostrado poca sintonía, Euskadi y La Rioja, se han propuesto elevar a la categoría de Patrimonio Mundial. No sería la primera vez que una tierra de viñedos se eleva a esta categoría: la región de Saint-Emilion en Burdeos, o la de Tokay en Hungría, incluso el Alto Duero portugués, ya han sido reconocidas por la Unesco. Así que la tarea puede ser ardua, pero en absoluto imposible.Para comenzar con los trámites administrativos de una cuestión tan compleja, los gobiernos de Euskadi y La Rioja se han reunido este miércoles en la localidad alavesa de Laguardia con el objetivo de acordar la promoción de una candidatura conjunta al Patrimonio Mundial de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) que tendrá como reclamo el paisaje cultural del vino y el viñedo en La Rioja y en la Rioja Alavesa. El encuentro ha servido para que ambos gobiernos acordasen el ámbito de la candidatura, es decir, su delimitación territorial y los valores culturales que la definen, así como para establecer una serie de compromisos de financiación y puesta en marcha del proceso de la candidatura. Todo ello se plasmará posteriormente en un protocolo de colaboración interinstitucional entre ambs ejecutivos.Los representantes de los dos gobiernos han considerado que el cultivo del viñedo y la elaboración del vino han ido generando un paisaje cultural que trasciende las fronteras autonómicas y que, a lo largo del tiempo, ha quedado consolidado en construcciones como los lagares rupestres, los campos de vides amoldados al ribazo del valle del Ebro, las bodegas tradicionales o las últimas edificaciones bodegueras que actúan como puntos de interés para el turismo enológico.
Para saber más:
http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/noticias/201209/26vides-unesco/euskadi-rioja-quieren-proteger-2
27/06/2012
(jose_alberto)
EL ENIGMA
Una empresa vinícola tiene plantadas 1200 cepas de vid en una finca, produciendo cada cepa una media de 16 kg de uva. Existe un estudio previo que garantiza que por cada cepa que se añade a la finca, las cepas producen de media 0,01 kg menos de uva cada una. Determínese el número de cepas que se deben añadir a las existentes para que la producción de uvas de la finca sea máxima.
LA SOLUCIÓN
En lo que han fallado los estudiantes ha sido en plantear el problema:
Originalmente cada una de las 1200 cepas produce 16 kilos. Si ahora añadimos x cepas más, cada cepa producirá 16-x*0,01 kilogramos. Así, la producción total será el número de cepas multiplicado por la producción de cada una de ellas, esto es: (1200+x)*(16-x*0,01).
Para determinar la cantidad x que hace que ese valor sea máximo se pueden hacer varias cosas: derivar la función, representarla (resulta una parábola) o reescribir la fórmula de modo que se pueda determinar su vlor máximo, como hace Juan Zubieta en el comentario 55. Por cualquiera de estos métodos llegamos a que se deben añadir 200 cepas.

Para saber más:
http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/solucion-enigma-junio/csrcsrpor/20120625csrcsrsoc_3/Tes
15/03/2012
(Silvestre Mesa)
Si quires participar en una cata con un grupo de Amigos y Amigas del Vino en Canarias, tenemos todos lo Jueves final de mes, una reunión en el Puerto de la Cruz (Tenerife). El lugar será en la Vinoteca el Descorche, en la calle Pissaca. Una primera parte de introducción sobre el tema elegido para la cata y luego la cata en sí (de 3 a 5 vinos). Al final un taperio y pa´casa. El precio de los vinos y la tapa se prorateará entre los asistentes a partes iguales.
La cata de Febrero fué de vinos rosados, la anterior de maceración carbónica y este mes será de vinos de Italia.
Avísanos si quieres asistir o tienes dudas al correo amigosdelvinocanarias@gmail.com
Para saber más:
amigosdelvinocanarias@gmail.com
21/07/2011
(campofeliz)
Cualquier día del año es bueno para ir de vacaciones cerca de la playa y en turismo rural. Ven al Parque natural del Cabo de Gata de Almería donde podrás disfrutar. Alójate en mi Casa Rural Campo Feliz. Precios muy bajos y a partir del 3 día de alojamiento, te hago descuento. Para ver la casa, los precios de cada temporada, la zona, las playas, ...puedes hacerlo en mi pagina Web
Para saber más:
http://www.casaruralcampofeliz.es
23/09/2010
(j.sola)

El tempranillo gris. Dos investigadores de la Universidad de La Rioja han dado con una nueva variedad, dentro de un proyecto para salvar tipos de vid amenazados de extinción

La Verdad. Murcia.
CARLOS BENITO |

Los agricultores avisaban a los científicos cada vez que veían algo imprevisto en sus viñedos
«Hoy se hacen vinos buenos en cualquier lugar del mundo, pero son muy iguales»
El mundo de la vid y el vino está tan reglamentado y tan controlado que no parece quedar espacio para sorpresas, pero la naturaleza no se deja limitar tan fácilmente. Incluso en lugares donde se cultivan las viñas desde hace más de dos mil años es posible todavía la novedad: dos investigadores de la Universidad de La Rioja han identificado una variedad desconocida de tempranillo, bautizada como tempranillo royo o gris, y han comprobado su potencial para la elaboración de vinos blancos. El hallazgo forma parte de un proyecto de largo recorrido que busca preservar variedades de uva minoritarias, amenazadas de extinción por haber quedado al margen de la norma máxima del mercado: la dictadura de la productividad y el gusto global.

«Cada vez hay menos viñedos viejos, no son rentables. Se sustituyen por viñedo nuevo, con material homogéneo de vivero», explica Fernando Martínez de Toda, catedrático de Viticultura y autor del descubrimiento junto al investigador predoctoral Pedro Balda. Ante esta situación, Martínez de Toda y el profesor Juan Carlos Sancha iniciaron hace años un programa que buscaba rescatar todo aquel material «raro, desconocido» que fuese apareciendo en los viñedos viejos -una especie de desván genético donde se ha ido amontonando el material de siglos-, con vistas a preservar ese patrimonio en peligro y estudiar su posible aprovechamiento. «Hace veinte años, nadie se interesaba por esto. Se solía decir que Italia tenía muchas variedades autóctonas y España, en cambio, no, pero era porque jamás se había estudiado el tema. Ahora ya hay proyectos en varias comunidades autónomas». Los cómplices en esta iniciativa fueron los propios viticultores, que alertaban a los científicos cada vez que localizaban en uno de sus viñedos más antiguos algo imprevisto: esa uva distinta a la que su abuelo daba un nombre extraño, o esa otra que ni siquiera sabían qué diablos podía ser.

Se reunieron así setenta muestras, de más de cuarenta variedades, y empezó el proceso de estudio para averiguar si se trataba de mutaciones desconocidas, de uvas arrumbadas por el paso del tiempo, de tipos ya catalogados en otras regiones... Entre 2000 y 2005, los investigadores contaron con financiación del Consejo Regulador para centrarse en las que parecían más útiles, con unos resultados que superaron cualquier previsión: el tempranillo blanco, el turruntés y la maturana blanca y tinta fueron autorizadas por el Consejo, un hecho «sin precedentes en el mundo» para variedades procedentes de la investigación. Pero el trabajo de los científicos ha continuado y acaba de dar un nuevo fruto con la identificación del tempranillo royo, una mutación localizada en un viñedo de Badarán. «Nadie tenía noticia de su existencia, ni hay ninguna referencia sobre su cultivo -detalla Martínez de Toda, que procede precisamente de esa localidad riojana-. Es una mutación que también sucede en la garnacha o la pinot y produce un cambio de color en el hollejo, la piel de la uva, que se vuelve gris».

Vino en el laboratorio
Pero el estudio no se limita a la morfología y la genética: estamos hablando de La Rioja, así que parece casi obligatorio saber qué pasa cuando el zumo de esa uva se convierte en vino. «Analizamos tanto el mosto como el vino -aclara Pedro Balda, natural de San Vicente de la Sonsierra-. En el laboratorio hago lo que llamamos microvinificaciones. Tenemos un viñedo con veinticinco cepas de cada variedad, así que no puedo utilizar depósitos industriales: recurro a botes en los que fermento cuatro kilos de uva». ¿Y qué ha salido de este insólito tempranillo royo? ¿Sabe rico? «Estoy muy contento con el resultado que dio la primera elaboración, el año pasado. Es un vino blanco que está muy bien, muy afrutado, con buena armonía en boca».

El camino desde este punto hasta la producción en bodegas es largo y accidentado, pero a los investigadores no les preocupa particularmente ese porvenir comercial: «No nos interesa que se planten 10.000 hectáreas, sino simplemente que esté disponible, aunque no se utilice a corto plazo. Es un patrimonio genético y supone un reconocimiento a quienes lo han mantenido», resume Martínez de Toda. La tradición vitícola se basa en un proceso de selección de las variedades más convenientes, pero eso ha implicado también un empobrecimiento, puesto que las formas que no se ajustaban a lo buscado han ido desapareciendo o perviven sólo como indeseados vestigios. Ya en los siglos XVI y XVII, algunas zonas productoras europeas empezaron a reducir a posta la diversidad en sus viñedos, con la mente puesta en el comercio con el exterior: en Logroño, allá por el año 1560, se fundó una sociedad de cosecheros que enviaba vino a Flandes, Francia o Italia, en pellejos marcados a fuego con su distintivo. Y, a partir de la devastadora plaga de filoxera de finales del siglo XIX, los cultivadores riojanos se concentraron sobre todo en la garnacha y el tempranillo.

«Hoy se hacen vinos buenos en cualquier lugar del mundo -comenta el catedrático de la Universidad de La Rioja-, pero son muy iguales porque se elaboran con las mismas variedades. Es la globalización del mercado, algo parecido a la Coca-Cola». Dentro de esta uniformidad, las variedades minoritarias sirven para distinguirse, para dar al vino ese 'no sé qué' que lo haga especial y lo deje grabado en el paladar del consumidor. «Es la forma de aportar personalidad, de tener algo propio, una idea que se va volviendo más y más importante a medida que aumenta la cultura vitivinícola: la tipicidad de los vinos cuenta para el aficionado. No se trata de que una variedad sea mucho mejor, sino de que sea distinta y dé originalidad a quien la quiera. Y no sólo eso: hoy en día, por ejemplo, el consumidor se queja del excesivo grado alcohólico de los vinos, pero es que tradicionalmente nos hemos dedicado a buscar el grado y descartábamos estos materiales, que ahora se vuelven muy interesantes», desarrolla Martínez de Toda. Y Pedro Balda confirma, hablando ya de su pequeña cosecha de tempranillo royo y pensando en la inminente vendimia: «Es un recurso. Si el vino da la cara, como parece, será una moneda más para apostar por lo nuestro».

Cualquier cosa menos cabernet.
20.09.10 - 01:05 -

El mercado del vino ha experimentado un proceso de globalización, con productos cada vez más estandarizados, pero esa tendencia también ha desencadenado el correspondiente movimiento antiglobalización: las siglas ABC se utilizan entre iniciados para referirse a las expresiones en inglés 'anything but cabernet' y 'anything but chardonnay' (es decir, cualquier cosa menos cabernet o chardonnay), los lemas de quienes se declaran hartos de la omnipresencia de estas superestrellas del mundo de la uva. Ya a mediados de los noventa, el 'New York Times' identificó esta reacción de cansancio ante las variedades que dominaban el mercado estadounidense: «Hay buenos vinos blancos que son ignorados mientras el público interesado en las modas apura océanos de mediocre chardonnay», se asombraba por aquel entonces el crítico Frank J. Pial.

«Cabernet Sauvignon, por ejemplo, siendo una variedad foránea, está autorizada en más de dieciséis denominaciones de origen españolas», recuerda Fernando Martínez de Toda. El catedrático de la Universidad de La Rioja ha alertado en alguna ocasión sobre el peligro de que acabe ocurriendo algo parecido con el tempranillo, la uva por excelencia del Rioja, permitida ya en una treintena de denominaciones. «Ojalá no tengamos que oír nunca la expresión CMT, cualquiera menos tempranillo», apunta el experto.

04/07/2010
(mrduarte.akata)

Este fin de semana, el día 4 de julio, se inaugura la primera Feria de la Cereza en el Valle del Jerte, en El Torno. La feria se crea como homenaje a la cereza para recordar el trabajo que durante meses anima la vida del Valle del Jerte.

Como parte de la fiesta habrá muchas actividades relacionas con la recolección de la cereza y picota del jerte. Por ejemplo, se va a crear el Mercado de la Cereza. Un mercadillo en toda regla donde productores podrán vender sus cerezas recién recolectadas.

Talleres, cursos, exposición de utensilios de labranza y también actividades para los más pequeños, con cuentos de la Cerecita Roja del Jerte. Un sin fin de actividades dónde destaca la cata de cerezas. Un grupo de expertos catadores enseñarán a distinguir las buenas cualidades de las cerezas.
Para saber más:
http://www.directoalpaladar.com/eventos/feria-de-la-cereza-en-el-valle-del-jerte
22/06/2010
(mrduarte.akata)
ANDALUCIA ESTARÁ EN LA FINAL DEL BOCUSE D’OR DE MANOS DE JUAN ANDRES R.MORILLA Y VINOS CHINCHILLA


El pasado 9 de Junio, se celebró en Suiza la semifinal Europea del Bocuse d’Or ,el concurso internacional más importante de cocina que reúne a los mejores de Mundo, quedando finalista Juan Andrés R. Morilla, representante Andaluz y patrocinado por los vinos Chinchilla de Bodega Doña Felisa (Ronda).


De esta forma, por primera vez Andalucía estará representada en la final de Bocuse d’Or en Lion el próximo 26-28 de Febrero del 2011, por un lado por la excelente cocina de nuestro joven representante Juan Andrés, actual propietario del Restaurante El Claustro en Granada y por los conocidos vinos Rondeños Chinchilla, que llevará el nombre de los vinos Andaluces al concurso más importante de cocina del Mundo. Este patrocinio es una de las apuestas más importantes de esta Bodega Andaluza, Bodega Doña Felisa , para dar a conocer sus productos en el circulo de los mejores cocineros españoles. Juan Andrés R. Morilla, este joven chef sevillano, a sus 28 años cuenta con una dilatada carrera.


Actualmente, y desde hace seis años, está al frente del Restaurante El Claustro sito en el hotel de cinco estrellas AC Santa Paula de Granada. Inició su formación en la Escuela de Hostelería de Islantilla, después se fue a un Relais Châteaux de Francia. Estuvo con Salvador Gallego en El Cenador de Salvador, a quien considera su maestro, con Rafa Morales en La Hacienda de Benazuza (Hotel de El Bulli en Sevilla) y con Fermí Puig en Drolma, entre otros restaurantes. Su patrocinador Bodega Doña Felisa, con su principal marca de vinos Chinchilla, acompañará al cocinero andaluza, representando Andalucía y sus vinos.


Bodega Doña Felisa es una exclusiva Bodega dedicada a la elaboración y crianza de vinos de máxima calidad en Ronda (Andalucía). Su elaboración está basada en una cuidada y limitadísima producción del viñedo, trasmitiendo al vino la expresión del "Terroir" donde se encuentra. Hay que destacar su excelente vino Seis + Seis, de Tempranillo y Sirah, así como sus diferentes vinos con una Cabernet Sauvignon insuperable. Buenos representantes andaluces para el concurso más famoso del mundo, Como si se tratara de un desfile de alta costura, el Bocuse de d’Or pone en escena las más bellas y exquisitas creaciones culinarias del mundo. En cocinas instaladas frente al público, 24 chefs de todo el mundo aceptan el desafío de preparar en cinco horas y media, dos platos perfectos, desde la cocción de la carne o del pescado, hasta la presentación de los acompañamientos. Varias horas de un espectáculo grandioso que corona una larga y minuciosa preparación y puede llevar a la gloria a los mejores cocineros de cada pais.

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